El gobernador Jaldo presentó hoy un Presupuesto que promete superávit. Es un buen titular. Pero hay un dato que el proyecto evita pronunciar: el 56% del gasto provincial sigue siendo empleo público. Sin tocar esa cifra, ningún superávit es real. Es contabilidad cosmética.
La provincia tiene 156 mil empleados públicos. Es la segunda relación habitantes/empleado público más alta del país, después de Catamarca. Cada gobierno desde Bussi suma estructura y ninguno la desarma. El año electoral, que ya empezó, vuelve a ser mal terreno para revisar lo que sobra.
Lo que la Legislatura no debate
El argumento del oficialismo es conocido: en una provincia con 38% de pobreza y un mercado privado raquítico, achicar el Estado significa cortar oxígeno. Es cierto en parte. Pero confundir Estado con planta política es una trampa. La salud, la educación y la seguridad no están sobredimensionadas. Lo que sobra son los cargos creados al amparo del clientelismo.
La discusión que la Legislatura no se va a animar a dar es ésa: cómo se ajusta sin desfinanciar lo que realmente funciona. Mientras eso no pase, los superávits que se anuncian van a seguir saliendo de no pagar a proveedores, y la deuda flotante seguirá creciendo en silencio. Que alguien hable de eso en serio sería, ya, un avance.